Saltar al contenido

Mitos de la lipoescultura: diez creencias que conviene revisar

Dr. Luis Devoz · · Lipoescultura

Si escribiste mitos lipoescultura en el buscador, seguramente ya te cruzaste con dos versiones del mismo procedimiento: la del video de treinta segundos donde alguien sale del quirófano con el abdomen marcado, y la del comentario que asegura que «la grasa vuelve, y vuelve peor». Ninguna de las dos describe la cirugía real.

Es una de las cirugías estéticas más practicadas en Colombia y, precisamente por eso, una de las peor contadas: se habla de ella en la peluquería y en grupos de WhatsApp, casi siempre sin un médico delante.

Abajo están las diez creencias que más se repiten en la consulta del Dr. Devoz, una por una, con lo que sostiene la práctica clínica y con lo que sencillamente no se sostiene.

Por qué circulan tantos mitos sobre esta cirugía

Un mito necesita dos ingredientes para sobrevivir: mucha gente interesada en el tema y poca información de primera mano. La lipoescultura cumple los dos con holgura.

El primer factor es el nombre. «Escultura» sugiere un trabajo inmediato sobre una materia inerte, y el cuerpo no es mármol: es tejido vivo que se inflama, drena, cicatriza y tarda meses en asentarse. Esa expectativa de resultado instantáneo choca de frente con la biología y de ese choque nacen la mitad de las creencias falsas.

El segundo es el formato en que circula la información. Las redes muestran el antes y el después, nunca las seis semanas de faja ni la semana en la que el paciente se ve más ancho que antes de operarse. Lo que no se muestra, el público lo rellena por su cuenta.

El tercero es estadístico. Cada persona llega con una cantidad de grasa, una calidad de piel y una historia de peso distintas, así que dos pacientes con la misma cirugía pueden contar experiencias opuestas y las dos ser ciertas. Cuando esa anécdota se convierte en regla general, ya tienes un mito.

Los diez mitos más repetidos

Cada uno de estos aparece en consulta varias veces por semana. El orden no es de gravedad, sino de frecuencia.

Mito 1: la lipoescultura sirve para bajar de peso

Es el malentendido más costoso, porque lleva a personas con obesidad a una cirugía que no resuelve su problema. Lo que se retira es grasa subcutánea, la que está entre la piel y el músculo. Un lipoaspirado de tres litros no equivale a tres kilos de grasa: buena parte es la solución tumescente infiltrada durante la cirugía, y la báscula suele moverse entre 1 y 3 kilos reales.

Además, la cánula no llega a la grasa visceral, la que rodea los órganos dentro del abdomen y la que se asocia con riesgo cardiovascular. Esa solo baja con déficit calórico y actividad física.

Los mejores candidatos son personas con peso estable en los últimos seis meses e índice de masa corporal por debajo de 30, con depósitos localizados que no ceden al entrenamiento. La guía de candidatos a lipoescultura lo detalla criterio por criterio.

Mito 2: la grasa retirada vuelve a crecer en el mismo sitio

Los adipocitos que se aspiran no se regeneran de forma significativa en el adulto: la reducción del número de células grasas en la zona tratada se mantiene en el tiempo y no hay que repetir la cirugía cada tanto para sostenerla.

Lo que sí puede pasar es otra cosa: las células que quedaron, que son muchas, almacenan más lípido si empiezas a comer por encima de tu gasto. La zona operada engorda de nuevo, pero de forma más discreta que si nunca se hubiera operado.

La cifra práctica que conviene retener: por encima de 4 o 5 kilos de aumento el contorno empieza a difuminarse, y por encima de 10 el resultado ya no se parece al de la foto del sexto mes. La cirugía retira grasa; no cambia hábitos.

Mito 3: si engordas después, la grasa se te va a la cara y a la espalda

Este es el mito con más apariencia de ciencia y ninguna base fisiológica. La grasa no viaja por el cuerpo buscando un sitio donde instalarse. No hay migración ni desplazamiento de un depósito a otro.

Lo que ocurre es aritmética de proporciones. Si en el abdomen se redujo el número de adipocitos y en la espalda o en los brazos no se tocó nada, un aumento de peso posterior se reparte entre todas las zonas, pero se hace más visible allí donde la densidad de células grasas quedó intacta. La espalda no gana grasa nueva: ocupa un porcentaje mayor de tu silueta.

El matiz honesto es que en quien gana 10 kilos o más ese cambio de proporciones puede resultar molesto y difícil de corregir. Es una razón para llegar al quirófano con el peso estabilizado, no para descartar la cirugía.

Mito 4: elimina la celulitis y la flacidez

Grasa, celulitis y flacidez son tres problemas distintos, y solo el primero lo resuelve la cánula. La celulitis depende de los septos fibrosos que tiran de la piel hacia dentro y de la calidad de la dermis; retirar grasa debajo de esa piel puede dejarla igual o, si se aspira demasiado superficialmente, más evidente.

La flacidez es un asunto de elasticidad cutánea, y ahí mandan la edad, los embarazos y la genética. Cuando la piel ya no retrae, quitar el relleno que la sostenía produce ondulaciones y pliegues.

Las tecnologías de asistencia —ultrasonido tipo Vaser, sistemas de retracción como Renuvion— mejoran la respuesta de la piel en flacidez leve o moderada, pero no sustituyen la resección quirúrgica cuando sobra piel de verdad. En esos casos la respuesta suele ser una abdominoplastia, como se explica en la página de contorno corporal con el Dr. Devoz.

Mito 5: no es una cirugía de verdad, es un procedimiento estético menor

La lipoescultura se realiza en quirófano habilitado, con anestesiólogo presente, bajo anestesia general o peridural con sedación, y dura entre 2 y 4 horas según el número de zonas y si se incluye lipoinyección. Nada de eso es un procedimiento menor.

Tiene riesgos que hay que nombrar: seroma, hematoma, irregularidades del contorno, alteraciones de la sensibilidad, infección, trombosis venosa profunda y, muy rara vez, embolia grasa. La mayoría son manejables cuando se detectan a tiempo, y ahí está la diferencia entre un susto y un problema.

Tratarla como «un día de spa» es lo que lleva a saltarse los exámenes preoperatorios o la profilaxis antitrombótica. El listado completo está en el artículo sobre riesgos de la lipoescultura.

Mito 6: el resultado final se ve a los pocos días

La inflamación llega a su punto máximo entre las 48 y las 72 horas y las primeras dos semanas es habitual verse más voluminoso que antes de la cirugía. No es que algo haya salido mal: es líquido, y el cuerpo lo reabsorbe a su ritmo.

Hacia la cuarta o sexta semana el edema ha bajado alrededor de un 60 a 70 % y empieza a intuirse la forma nueva. El contorno se define entre el tercer y el sexto mes, y la fibrosis residual puede tardar hasta 12 meses en ablandarse del todo.

Juzgar el trabajo en la semana dos es como probar un pastel a los cinco minutos de meterlo al horno. Para saber qué esperar en cada etapa, revisa qué resultados da la lipoescultura mes a mes.

Mito 7: la faja y los masajes son opcionales

Son la parte del tratamiento que depende de ti, y la que más se abandona. La faja se usa las 24 horas del día durante las primeras 3 o 4 semanas, y después unas 12 horas diarias hasta completar 6 u 8 semanas.

El drenaje linfático suele empezar entre el cuarto y el séptimo día, con 2 o 3 sesiones semanales hasta sumar entre 8 y 12 sesiones. Su función es movilizar el edema y evitar que la fibrosis se organice en bloques duros; no «moldean» el cuerpo, aunque así se vendan.

Ser honestos implica decir que saltarse una sesión no arruina nada. Lo que sí cambia el desenlace es abandonar el proceso entero: la fibrosis mal manejada deja zonas endurecidas que después cuesta mucho más corregir.

Mito 8: cuanta más grasa te saquen, mejor queda

Falso, y es el mito con más potencial de daño. Existe un umbral de seguridad reconocido: por encima de 5.000 mililitros de lipoaspirado se habla de liposucción de gran volumen, y a partir de ahí suben la sobrecarga de líquidos, la anemia posoperatoria, la hipotermia y el riesgo tromboembólico. Ese escenario exige hospitalización y monitoreo, no una salida a casa la misma tarde.

En lo estético el exceso tampoco compensa. Aspirar demasiado, o demasiado cerca de la piel, deja depresiones, adherencias y un aspecto acartonado que ninguna faja corrige después.

Un buen resultado no se mide en litros, sino en proporciones. Conservar una capa uniforme de grasa es lo que permite que la piel se acomode sin marcar el trayecto de la cánula.

Mito 9: es una cirugía solo para mujeres

La demanda masculina crece de forma sostenida en Bogotá, sobre todo para flancos, abdomen y región pectoral. El objetivo estético es distinto —un torso en V frente a una cintura marcada—, pero el procedimiento es el mismo.

Hay diferencias técnicas. La grasa masculina es más fibrosa y está más vascularizada, así que exige más energía para emulsionarla y sangra algo más. Y una proporción mayor de la grasa abdominal del hombre es visceral, la que no se puede aspirar: un abdomen prominente y duro al tacto no mejora con lipoescultura.

Mito 10: con láser o ultrasonido ya no es cirugía y la puede hacer cualquiera

El ultrasonido, el láser y la radiofrecuencia con plasma son asistencias energéticas que se usan dentro del mismo acto quirúrgico. Facilitan emulsionar la grasa y ayudan a la retracción cutánea, pero no eliminan las cánulas, la anestesia ni el quirófano. Un equipo caro no convierte una cirugía en un tratamiento de cabina.

Mal utilizadas, estas tecnologías añaden riesgos propios: quemaduras internas, necrosis de piel y fibrosis severa por exceso de energía. La curva de aprendizaje pesa más que la marca del aparato.

Quien opere debe tener la especialidad en cirugía plástica, estética y reconstructiva, con registro vigente y, deseablemente, ser miembro de la Sociedad Colombiana de Cirugía Plástica. La distinción no es burocrática: define quién está entrenado para resolver una complicación en el minuto en que aparece.

De dónde salen estas ideas

Reconocer la fuente ayuda a filtrar el siguiente mito antes de que se instale.

Del marketing. Palabras como «sin cirugía», «resultados definitivos» o «recuperación exprés» están diseñadas para bajar la percepción de riesgo. Cuando una publicidad promete un resultado concreto, ya salió de lo que un médico puede sostener.

Del caso único. La experiencia de una amiga es una muestra de un solo paciente. Dos personas con la misma técnica y el mismo cirujano pueden terminar distinto porque tenían distinta calidad de piel, distinta cantidad de grasa visceral y distinta disciplina posoperatoria.

De las fotos. Un antes y después con luz, postura o ropa distintas exagera cualquier cambio. Y un después tomado al mes muestra edema en retirada, no resultado.

Del precio. En Bogotá el rango habitual va aproximadamente de 20 a 45 millones de pesos según el número de zonas, el volumen a tratar y la tecnología empleada, y el presupuesto real solo sale de la valoración presencial. Cuando alguien ofrece la mitad del piso de ese rango, la pregunta correcta no es «qué suerte», sino qué se recortó: el anestesiólogo, la habilitación del quirófano o los insumos.

Cómo informarse bien antes de decidir

No hace falta ser médico para separar la información buena de la mala; hace falta un método.

Verifica la credencial, no el perfil. Busca la especialidad exacta: «cirugía plástica, estética y reconstructiva». Otros títulos, como medicina estética, no habilitan para operar en quirófano. Comprueba también el registro profesional vigente y la pertenencia a la SCCP.

Exige valoración presencial. Un presupuesto cerrado por WhatsApp, a partir de una foto, no es un plan quirúrgico. La calidad de la piel se evalúa con las manos, y de ahí depende buena parte de lo que se puede plantear.

Lleva preguntas escritas. Estas cinco cambian una consulta:

  • ¿Cuántos mililitros calcula aspirar en mi caso y por qué esa cifra?
  • ¿Dónde se opera y quién administra la anestesia?
  • ¿Qué complicación es la más probable en mi caso y cómo se maneja?
  • ¿Qué incluye el precio y qué queda por fuera si necesito un retoque?
  • ¿Cuántos controles hay y con quién los hago?

Desconfía de las señales de presión. Descuentos que vencen mañana, cupos limitados, depósitos exigidos el mismo día de la consulta y respuestas que esquivan la pregunta por los riesgos. Un cirujano que describe con detalle lo que puede salir mal no intenta disuadirte: está trabajando bien.

Lee el consentimiento informado completo. Ahí figura por escrito todo lo que este artículo desmonta. Si algo de lo que te dijeron de palabra no aparece, pregúntalo antes de firmar.

Si quieres una lectura honesta de tu caso concreto, puedes revisar en qué consiste la lipoescultura paso a paso y luego agendar una cita de valoración con el Dr. Devoz en Bogotá. De esa consulta deberías salir sabiendo qué esperar, qué no, y cuál es tu alternativa si la cirugía no es lo tuyo.

Preguntas Frecuentes sobre los mitos de la lipoescultura

¿Cuánta grasa se puede retirar de forma segura en una lipoescultura?

Depende del peso, del índice de masa corporal y del estado de salud de cada paciente. Como referencia de consenso, superar los 5.000 mililitros de lipoaspirado convierte el procedimiento en una cirugía de gran volumen, que exige hospitalización y monitoreo. La cifra de tu caso sale de la valoración, no de una tabla general.

¿Cuándo puedo volver a entrenar en el gimnasio?

Caminar se recomienda desde el mismo día, en trayectos cortos, para prevenir trombosis. El trabajo de oficina suele retomarse entre los días 7 y 10. El cardio suave entra hacia la semana 3 o 4, y las pesas y el impacto esperan de 6 a 8 semanas. Forzar antes aumenta el edema y no acelera nada.

¿La lipoescultura deja cicatrices visibles?

Las incisiones miden entre 3 y 5 milímetros y se ubican en pliegues naturales, la línea del bikini o el ombligo. Con el tiempo suelen quedar como puntos claros difíciles de localizar. En pieles con tendencia a queloides el desenlace es menos predecible, y eso se advierte antes de operar.

¿Se puede repetir la lipoescultura en una zona ya operada?

Sí, aunque es técnicamente más exigente: el tejido cicatricial hace el plano menos uniforme y el margen de corrección es más estrecho. Se esperan de 6 a 12 meses desde la primera cirugía para trabajar sobre tejido estabilizado, y el objetivo suele ser retocar irregularidades, no retirar grandes volúmenes.

¿Hace falta llegar con el peso estable antes de operarse?

Es la condición que más influye en la duración del resultado. Lo recomendable es mantener el mismo peso, con variaciones menores a 3 kilos, durante al menos seis meses. Operar en pleno adelgazamiento obliga a esculpir sobre un cuerpo que todavía va a cambiar de forma.

¿Se puede combinar la lipoescultura con otra cirugía el mismo día?

Se hace con frecuencia, sobre todo con abdominoplastia o aumento mamario, con la ventaja de una sola anestesia y una sola recuperación. También suma tiempo quirúrgico y riesgo, así que la decisión depende de tu estado de salud, del volumen previsto y del tiempo total estimado. No siempre se autoriza, y decir que no es parte del trabajo.

© 2026 Dr. Luis Devoz — Cirugía Plástica. Bogotá, Colombia.